Un Sueño No Soñado Por María Angélica Duque

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MUn sueño no soñado aría Angélica Duque  es comunicadora social y periodista de la Universidad Del Norte con una  extraordinaria trayectoria periodística. Trabajó como productora y libretista en TeleCaribe en donde produjo programas periodísticos para el reconocido y ya fallecido periodista Ernesto McCausland. También fue libretista del padre Alberto Linero,  productora del Noticiero del Senado y se desempeñó como correctora de estilo y coordinadora de corresponsales en Noticias Caracol. María Angélica se declara enamorada de las noticias positivas. Ella es  apasionada por el servicio a los demás y a la felicidad, por lo que trabaja constantemente  para unir lazos que ayuden a otros a realizar sus sueños.  En “Un Sueño no Soñado” María Angélica nos comparte la historia sobre el gran día de su boda, en la que nos cautiva con la sencillez y jovialidad que  la caracterizan siempre. 

Un Sueño no Soñado 

Hace tres años me casé y quizás ese fue el día en que pude comprender claramente los mensajes de Dios

En la mañana del 18 de diciembre de 2010, el párroco de la Ermita del Cabrero de Cartagena, quien a las 4:00 p.m. de ese mismo día casaría a mi hermano Juan Pablo con su prometida Carol, a David y a mí, nos dijo que no celebraría la ceremonia. La razón, que no vale la pena recordar por carecer de sentido y amor por el prójimo, no logró opacar la alegría caribeña que nos caracteriza y decidimos irnos a desayunar a Narcobollo para tomar una decisión con el estómago lleno. En una mano el chicharrón, en la otra la arepa con huevo y en mi cabeza los 200 invitados que venían de diferentes ciudades a celebrar nuestra boda.

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Como es usual llamé a mi madre para contarle lo sucedido y en menos de cinco minutos el resto de nuestras familias estaban enteradas y le mandaban saludos a la mamá del cura. Mi mamá, apoderada de la situación, fue a hablar con el padre de la parroquia cercana a la casa de mis abuelos y afortunadamente aceptó casarnos.

Durante la mañana y en una jornada maratónica a través de facebook, llamadas a celulares y el -en ese entonces popular- messenger de blackberry, enviamos los datos de la nueva iglesia a los invitados. Luego Catay, mi hermano, nos llevó a mi cuñada y a mí al salón de belleza de Diego Moya, un hombre maravilloso quien me vio crecer y que ese día me dio la oportunidad de ver como los sueños se hacen realidad, pues Diego con su trabajo y esfuerzo logró ser uno de los estilistas más importantes del país. En ese momento me di cuenta que Dios me estaba dando un regalo que yo jamás había soñado y que todas las personas que habían pasado por mi vida eran protagonistas de ese día.

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La entrada a la Iglesia fue maravillosa, el tío Kiko me llevaba de la mano y yo desfilaba como si fuera la reina del pueblo, tirando besos a diestra y siniestra. Una pequeña alfombra roja representaba el camino hacia la felicidad al lado de quien había sido mi mejor amigo, novio y ahora sería mi esposo, nos acompañaban en el cortejo mi primita María Camila, la primita de David, Micaela, y mis grandes amigas Carito y Lorena, me seguía embarazada, y de la mano del Yeyo, la futura esposa de mi hermano y madre de uno de los pajecitos.

Recuerdo cada uno de los rostros que vi al entrar al lugar, pero especialmente recuerdo esa pequeña iglesia en construcción con bancas flacas de madera, el piso y columnas de cemento sin pintar de donde colgaban telas blancas con dibujos alusivos a la navidad elaborados por los niños del barrio. De fondo se escuchaba la voz de mi abuela quien junto a mis tíos, primitos y amigos habían formado un coro que después de varios meses de práctica, cantó durante la ceremonia.

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En el altar se encontraba mi hermano Juan Pablo junto a mi madre, mi sobrinito con su muñeco de peluche preferido, mi primo Nicolás quien a sus 9 años quiso ser uno de los pajecitos y la mamá de David, mi regalito de Dios, quien durante estos tres años ha sido objeto de burlas pues esa tarde a pesar de su vozarrón se quedó sin voz al dar el sí. Finalmente y después de tanto corre corre el padre Orlando, un hombre joven y elocuente, bendijo nuestra unión.

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Quienes me conocen saben que nunca pensé en casarme y mucho menos hacer una gran celebración. Sin embargo, Dios me dio eso y mucho más. Me dio discernimiento y humildad para comprender que Él nos unía para ser sus instrumentos. A pesar de que no nos casamos en una iglesia tradicional y ostentosa de Cartagena, Dios permitió que hiciéramos parte de la construcción de su templo.

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Sí, mi boda fue una gran alianza de amor, mi madre, abuela y tías Uchi y Lourdes prepararon durante meses la fiesta, y el día anterior junto a Rafita, la tía Margie, Raaidita, Lucas, Martha, Juanchi, Carol, David y el tío Kiko decoramos la hacienda “La Envidia”, que con todo cariño mi tío alquiló para darnos la mejor fiesta de la vida, mi hermano viajó desde Brasil con su familia para casarse a mi lado, María José la hermana de Davo llegó de Nueva York, mis otros tres hermanos Catay, Andrés y Mateo estuvieron presentes junto a nuestras familias maternas y paternas, los padres de mi mejor amigo -ya fallecido- asistieron en su nombre, mi madrina de bodas quien viajaba al día siguiente a Europa pudo acompañarme con su familia.

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Mi suegra a pesar de la reciente pérdida de su madre, elaboró una deliciosa torta de matrimonio con los muñecos que la adornaban y los recordatorios de la boda, y mi suegro con sus dotes para el rebusque encontró y regaló la mejor champaña. La esposa de mi hermano preparó unos deliciosos dulces brasileros llamados brigadeiros que fueron la sensación. Harvey nos obsequió uno de sus talentos, hizo registro gráfico de ese día especial.

Nuestros amigos de Barranquilla tuvieron que cambiarse la ropa en un centro comercial para llegar a tiempo a la iglesia, el día anterior llovió tanto que el camino estaba lleno de barro y fue necesario contratar una buseta para entrar a la hacienda, Elisa una mujer luchadora que aún trabaja en la casa de mi familia, con su tropa de desplazadas por la violencia fueron las encargadas de atendernos toda la noche, la comida fue preparada por una amiga y vecina de la infancia, mi hermoso vestido de campanita fue elaborado por la modista del barrio y esa noche pude cumplir dos de mis grandes sueños bailar porro en vez de vals y ser una bailarina de orquesta como las chicas del can.

Collage 7Boda CuchaHoy, recordando ese gran día de amor y felicidad, descubro que el mensaje más grande que Dios me ha podido dar es que puedo, merezco y elijo amarte, mi regalito de Dios

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Cucha, una mujer felíz..

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